El aula de
folklore urbano ha acercado la cultura tradicional a 400
personas
Los barrios de
la capital acogerán distintos seminarios en función de las
solicitudes de las asociaciones de vecinos
La Opinión de Zamora 17/10/2007
T. SANTOS.
El
baile, la danza tradicional y la pandereta centrarán las
sesiones del Aula de folklore urbano, iniciativa que se repite
por cuarto año consecutivo y que en esta ocasión incidirá en su
apuesta por llegar a los más jóvenes. En total, más de 400
personas han participado en las distintas actividades
programadas en los últimos cuatro años. «No hace falta ser un
antropólogo para conocer la tradición popular», se expresa el
coordinador del aula, Francisco Iglesias Escudero. El Aula de
Folklore organizará distintos talleres en los barrios en función
de las solicitudes que lleguen desde las asociaciones de
vecinos, con la posibilidad de ofrecer monográficos sobre cocina
tradicional o restauración de mobiliario popular, entre otros.
La
actividad, presentada ayer en el Ayuntamiento de Zamora, cuenta
con «bastante aceptación» entre los zamoranos. En la iniciativa
colaboran la agrupación La Morana y la Concejalía de Igualdad,
Barrios y Atención al Ciudadano. El aula abrió sus puertas el
lunes en el pabellón del colegio Arias Gonzalo.
Las actividades cuentan con la participación de las asociaciones
de vecinos que soliciten a la concejalía los diferentes
seminarios. Para atraer a los más jóvenes, los organizadores se
plantean la posibilidad de desdoblar las actividades para
dedicar algunas, de recetas de cocina o de artesanía, en
exclusiva al público infantil. El aula cuenta también con la
colaboración del Consorcio de Fomento Musical y del área de
Cultura de la Diputación Provincial.
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| Bizcochos
de antaño |
| La
Asociación de La Morana inicia los talleres monográficos
de cocina y artesanía en los barrios de la capital |
| SUSANA
ARIZAGA/ La Opinión de Zamora |
En
el paladar de los más mayores y de las gentes de algunos
pueblos de la provincia aún no se ha perdido el sabor de esos
ricos bizcochos escabechados que animaban el estómago de los
zamoranos durante la matanza, entre faena y faena; en la
fiesta de las Aguedas, de las Candelas o llegado San Blas. En
la capital todavía se conserva la costumbre en algunas casas
en las que, metido ya el invierno, las mujeres buscan los
bizcochos de soletilla para endulzar las sobremesas y las frías
tardes. De estas reposteras, clientas habituales de su
pastelería, ha aprendido Tránsito Rivera Lucas. Y ayer se
estrenaba como profesora de cocina en la Asociación de
Vecinos de Cabañales, donde la Agrupación de La Morana ha
iniciado los talleres de cocina tradicional.
Una veintena de mujeres escuchaba atentamente y tomaba nota de
la sencilla receta, que en media hora deja listos los
bizcochos de soletilla para convertirlos en escabechados, eso
sí, tras 24 horas sumergidos en un almíbar de agua, azúcar
y canela. «Yo algunas veces le echo algún licor», aportó
una de las alumnas, Mairena Gallego, presidenta de la Asociación
vecinal.
Mandil
en ristre, Tránsito Rivera procedió a batir cuatro huevos,
en los que rebozaría los 26 bizcochos después de pasarlos
por la leche (medio litro y del tiempo). Mientras, el aceite
(mejor de oliva) se calienta para dorarlos y el azúcar (un
vaso y medio) y el agua (doble proporción que de azúcar) van
tomando al fuego la textura del almíbar, con una ramita de
canela.
Al
tiempo que la profesora -«nerviosa» por ser su primera
experiencia- elabora el postre, las mujeres van comentando.
Algunas habían oído hablar del tradicional dulce. «Llegadas
estas fechas se hacían siempre, sobre todo, en pueblos
lejanos», explica Tránsito Rivera, que tras vender cientos
de bizcochos en su pastelería preguntó la receta y decidió
hacerla en casa. Comenta las ventajas de este postre en
aquellos años en los que casi no había medios para conservar
la comida: la forma de elaboración, con el almíbar, ayudaba
a mantener el dulce, que se hacía en grandes cantidades y se
iba consumiendo. Terminado el proceso de freir, espera que se
enfríe el jarabe para echar a remojo los bizcochos, que ha
ido colocando sobre una fuente cubierta con papel de cocina «para
absorber el aceite» y que queden más suaves. Las alumnas
tendrán que esperar hasta el día siguiente para, pasadas 24
horas, poder retirar el dulce del almíbar y disponerlo en
otra bandeja, listo ya para su degustación. Ayer pudieron
saborear el resultado de la receta transmitida por Tránsito
Rivera, que llevó varios bizcochos ya preparados por ella. El
taller de cocina tradicional se repetirá de nuevo el martes
próximo, día 16, en la Asociación de Vecinos del barrio de
Pinilla.
Ayer
se iniciaba también el taller de artesanía, en la Asociación
de Pantoja, donde están elaborando un acerico (alfiletero),
la tradicional almohadilla que no faltaba en el costurero de
las mujeres antaño. Esta actividad pasará también por los
barrios de San José Obrero, el 17 de enero; en Los Bloques,
el 19 de enero; y en Las Viñas, el 2 de febrero. La Morana ha
comenzado a impartir cursos monográficos que van rotando por
las asociaciones de vecinos, como los mencionados, explica el
presidente, Francisco Iglesias.
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