Leticia Arbeteta, directora-técnica del Museo del Ejército, en la Universidad de Navarra

"Los belenes contienen una simbología poco conocida"

La especialista ha investigado en el CSIC sobre arte belenístico

Leticia Arbeteta, directora-técnica del Museo del Ejército, es una de las principales especialistas en belenismo de España. Ha colaborado con las publicaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y ha organizado diferentes exposiciones sobre el estudio de estas representaciones religiosas. Arbeteta ha hablado en la Universidad de Navarra, invitada por el departamento de Historia del Arte, sobre "El belén popular español". En su conferencia, ha explicado la trayectoria histórica, simbología y variantes de esta tradición.

¿Cuáles son los inicios del belén?

Se cree que fue San Francisco de Asís quien 'inventó' el belén, aunque no es del todo cierto. Antiguamente, ya se representaban obras dramáticas en las iglesias sobre este motivo, pero se cometieron abusos y tuvieron que prohibir estas representaciones teatrales.

Así pues, en 1223, el santo intentó recuperar la tradición de ambientar la iglesia representando el belén, sólo con el pesebre y los animales, en una misa celebrada en el convento de Greccio, en Rieti (Italia). Aunque el pesebre estaba vacío, uno de los presentes vio a Jesús en brazos de San Francisco, lo que se interpretó como una señal de que el Niño quería ser representado. A partir de entonces, se expandió de la mano de los Franciscanos y de las Clarisas.

En cuanto a España, se repite continuamente que fue Carlos III quien introdujo el belén, aunque no es así. Él trajo belenes de Nápoles, pero aquí ya existía una tradición previa muy antigua. Las primeras piezas sueltas datan del siglo XIII, si bien sólo están documentadas representaciones de finales del XVI, especialmente de la zona balear.

¿Qué características tienen los belenes artísticos tradicionales?

Evocan siempre la gruta de belén -centrada en el conjunto-, son de grandes dimensiones -casi monumentales-, y tienen figuras de diferentes escalas; el escenario es un paisaje rocoso y sumergido en la oscuridad (muchos tenían cristalitos, papeles dorados, joyas y oropeles que servían para reflejar la escasa luz nocturna); la mayoría adornaba los altares en tiempo de Pascua; otros tenían figuras móviles que, variando su postura y sus vestidos, podían representar diferentes escenas desde el 8 de diciembre (Concepción) hasta el 2 de febrero (Purificación).

Asimismo, estos belenes tienen un lenguaje propio, educativo. No sólo intentan imitar la realidad, sino que están llenos de simbología: en los personajes, en el decorado, en el entorno. Desgraciadamente, muchos de estos símbolos no se conocen en la actualidad.

¿Qué simboliza entonces cada figura?

La mula representa a los judíos y el buey a la gentilidad. El Niño cumplía diversos papeles según el momento: recién nacido el 25 de diciembre, Rey del Mundo el 1 de enero, adorado el 6... La Virgen estuvo en los primeros belenes asistida por dos parteras, hasta que se la presentó adorando a su Hijo; las matronas pasaron entonces a ser simples pastorcillas. San José se introdujo después. Los tres Reyes Magos simbolizaban las tres razas conocidas y a los ricos de la tierra; y tres pastores, los pobres de la tierra y las edades del hombre: joven, adulto y anciano.

¿En el entorno del belén, qué otros símbolos se introducen?

De los que conservamos actualmente están: el río -figura de la fuente de la Gracia divina-; las cabras y las ovejas; y las flores, pese al invierno -Cristo, Flor del mundo-. Se han perdido otros como los ermitaños, el Caballero de la Estrella en el cortejo, Adán y Eva, la serpiente, alguna evocación a la Cruz...

¿Qué opina de los belenes actuales?

Ahora está de moda la representación pseudopalestina: imita la arquitectura de Jerusalén y las casas de bóveda -que no existieron hasta el siglo XIII-, los vestidos son beduinos o yemenitas; las posturas de las figuras no son las tradicionales, y la Virgen, por ejemplo, no se puede representar de cualquier manera.

Los belenes tradicionales deben ser efímeros, no me gusta que se conserven como simples maquetas a escala. Pierden el punto de sorpresa que debe tener todo belén. También preferiría que las figuras fueran, como antes, de diferente escala porque si no es muy frío. Asimismo, muchos de los nuevos personajes -el caganer, por ejemplo- son casuales, se colocan sin motivo. Pero todas las figuras casi siempre han tenido su razón de ser, han cumplido su papel.

¿Qué le parecen las figuras que se usan ahora?

Se están valorando por el sur las figuras napolitanas, que a mi juicio tienen un interés relativo y nos separan de lo que ha sido nuestra tradición. De las españolas, todas tienen su gracia. Las escuelas murcianas han producido un modelo hebreo que es orientalista y algo incoherente. Prefiero los modelos populares españoles, que imitan a nuestros campesinos.

En cualquier caso, lo importante es que los belenes reflejen lo que han sido: vehículos de una tradición.